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San Sebastián, una ciudad a la que no le falta nada

Hay ciudades rodeadas de montañas, otras situadas a orillas del mar, algunas están cruzadas por un río o incluso en la misma desembocadura y las hay, pocas, privilegiadas, que lo tienen todo. Una de estas es San Sebastián (Donosti).

La Concha

La bahía de la Concha de San Sebastián vista desde el Monte Igeldo

Texto y fotos: Josep Maria Serra

La Concha de San Sebastián, una de las playas más famosas del mundo (en realidad son dos, la de la Concha y la de Ondarreta), está flanqueada por dos montes, el Igeldo a la izquierda según se mira al mar, y el Urgull, a la derecha. En el centro de la bahía está la Isla, un islote al que los bañistas acuden ya sea a bordo de una embarcación o nadando los más atrevidos. El conjunto de la Concha, ya sea en verano o en invierno, con sol o con lluvia, con calma chicha o con tormenta, deja boquiabierto la primera vez que se mira. Y engancha, puesto que uno no se cansaría nunca de mirarlo.

Ondarreta

La playa de Ondarreta con sus típicos toldos

La playa de la Concha (y también la de Ondarreta) son antiguas, como si se hubieran congelado en los inicios del siglo XX. Todas las mañanas de verano, con la marea baja, unos empleados colocan los toldos azules y blancos para que los bañistas que los alquilen puedan ocupar su sombra. A su alrededor se conservan antiguos baños y edificios como el Palacio de Miramar que durante años albergó a la familia real en sus visitas a la ciudad,  del hotel Londres-Inglaterra, el ayuntamiento o el del Real Club Náutico, una construcción emblemática de la ciudad que se asemeja a un barco atracado en la bahía de La Concha. El Náutico, como se le conoce popularmente, fue construido entre 1928 i 1929 y hoy en día está considerado como una joya del racionalismo a nivel mundial. Recientemente ha sido formalmente declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de “Monumento”.

Náutico

El Náutico de San Sebastián, junto al puerto

El Náutico se erige junto al pequeño y entrañable puerto de la capital vasca donde se puede comer en alguno de los numerosos restaurantes. En este mismo lugar está el Museo Naval y el Acuario. A partir de aquí podemos pasear por el paseo Nuevo y, circunvalando el monte Urgull, llegar a la desembocadura del río Urumea. Un paseo delicioso que en días de galerna es poco aconsejable recorrer por el peligro de las grandes olas. Si subimos por el monte Urgull disfrutaremos de unas magníficas vistas de la Concha, buena parte de la costa Guipuzcoana y del monte Igeldo y su Torreón del siglo XVIII.

Monte Igeldo

El tío vivo del parque de atracciones del Monte Igeldo con el torreón detrás

Si nos encaminamos hacia el otro lado de la bahía encontraremos el Peine de los Vientos el maravilloso legado que el escultor Chillida dejó a los donostiarras y que con la mar brava podemos ver como resopla ofreciendo un espectáculo único. También podemos subir hasta lo alto del monte Igeldo bien sea con el funicular, en bus o en vehículo propio. En la cima hay un parque de atracciones para el que, al igual que la playa, parece que no pase el tiempo. Pequeñas atracciones, de las de toda la vida, harán las delicias de los más pequeños y los mayores disfrutaran con las vistas que sin lugar a dudas son extraordinarias. Una interesante alternativa es subir al Igeldo por la tarde y esperar que anochezca para ver la Concha iluminada.

Hotel Monte Igeldo

La piscina del Hotel Monte Igeldo Mercure

En la cima del Igeldo podemos alojarnos en el Hotel Igeldo Mercure. Si tenemos suerte con la habitación tendremos el privilegio de acostarnos con las luces de la Concha a nuestros pies y abrir los ojos cuando la capital guipuzcoana despierta. Una experiencia inolvidable. Y un secreto: el Torreón de Igeldo está en el interior de este hotel y junto a él hay una enorme piscina con vistas. Vistas de las de quitar el hipo.

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