El tiburón zorro halla refugio en una isla filipina
El tiburón zorro, en grave peligro de extinción y muy difícil de observar en mar abierto, ha encontrado en una remota isla filipina un santuario donde el único ser humano que le molesta es algún submarinista desaprensivo.
A salvo de los pescadores que lo cazan para vender sus aletas a restaurantes chinos, el escualo nada sin miedo por las profundas aguas de Malapascua, a la que hace cinco años llegó un científico británico que se propuso encabezar la primera iniciativa seria para preservar al animal en el segundo mayor archipiélago del mundo.
Simon Oliver es el fundador del Proyecto para el Estudio y la Conservación del Tiburón Zorro (TSRCP) de Filipinas, que se encarga de fomentar la preservación y observar el comportamiento del animal, también llamado zorro marino y conocido por su larga cola.
Después de un lustro en Malapascua y hasta hace muy poco sin ayudas de instituciones tanto locales como extranjeras, el TSRCP ha logrado que la isla haya pasado de mero paraíso del buceo a un área protegida para el escualo.
Oliver y su equipo de voluntarios han conseguido que todos los operadores de submarinismo exijan a sus clientes que cumplan normas para no perturbar a los tiburones, como no intentar tocarlos, nadar a su lado o dañar el coral mientras esperan a verlos emerger del abismo.
La organización también ha convencido a los lugareños de que es potencialmente más lucrativo proteger al animal como reclamo turístico que seguir haciendo la vista gorda con los pescadores que se empeñan en amputarles la cola para la sopa.