Blogviajes

El Blog de Webviajes para viajeros

Las dos caras de Amsterdam en un fin de semana

Archivado en: Holanda, Reportajes — jms at 5:43 pm on Viernes, Enero 23, 2009

Reportaje remitido a Blogviajes por Marta Recio, estudiante de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos.

Una ciudad a ratos de hoy y a ratos de ayer, Amsterdam. Dependiendo del lugar al que mires desde tu ventana cuando despiertas y la época en la que te encuentras cambia diametralmente y tus pies sólo pueden guiarte a conocer esta insólita ciudad.

Gracias a una red de trenes muy similar a la de Cercanías española, nos desplazaremos desde el aeropuerto de Schiphol hasta el centro neurálgico de la ciudad de Amsterdam, donde se encuentra la plaza Dam, en la que la gran cantidad de bicicletas que inunda la ciudad comienza a tomar contacto con el viajero.
Se trata de una plaza muy cercana al famoso Barrio Rojo y en la que podemos visitar un museo de cera muy interesante para los amantes de este tipo de entretenimiento, con muchos y variados personajes famosos. La atracción principal es el Mercado de las Flores. Allí, el color y el bullicio de personas cruzando los puentes de los canales de la ciudad nos hace perdernos en este lugar y por supuesto, comprar algunas semillas de los bien conocidos tulipanes holandeses por unos cuantos euros.
El paseo por los canales nos mostrará un aspecto de la ciudad que no siempre es comentado por los viajeros pero que llama la atención, ese aire bohemio de los canales nos proporciona unos momentos para la reflexión y claro está, para irrumpir en los archiconocidos Coffee Shops. En la barra se nos ofrece un “herbal mix” y todo tipo de bebidas sin alcohol (por un precio bastante asequible) pero se nos prohíbe terminantemente fumar tabaco, como en cualquier otro establecimiento de esta ciudad, lo cual se agradece, a decir verdad.

Otro lugar digno de visita es el Museo Van Gogh, situado en la Museumplein, una zona repleta de todo tipo de museos y en los que predominan los que están dirigidos a la exposición de obras de artistas autóctonos. Los turistas abundan en esta zona y atestan en Volden Park en las horas del almuerzo aprovechando los días soleados. Este barrio de los museos sirve también de homenaje a las víctimas del holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.

Conseguimos nuestra entrada para el museo de forma anticipada en el hotel (por algo menos de 15 euros), cosa que agradecemos cuando llegamos a la puerta del lugar donde vemos una fila kilométrica de visitantes, de la cual nosotros pasamos de largo cual invitados VIP.
En el museo podemos ver las principales obras de Van Gogh y una gran tienda en la que comprar los obligados recuerdos que la experiencia merece.

Para terminar, pasamos gran parte del último día de nuestra estancia Holanda en un pequeño pueblo llamado Volendam, a unos treinta minutos del centro, desde donde cogemos un autobús directo a esta localidad. Nos impacta el gran parecido de este pequeño pueblecito con mar con las descripciones de los cuentos de los hermanos Grimm.

No podemos pasar de largo con un rápido paseo esas casas típicas hechas de madera, pintadas de un color verde omnipresente en el pueblo, con tejados anaranjados y sus pequeños restaurantes que nos muestran sus entradas bajo unos arcos de madera que nos hacen apreciar la diferencia tan abismal entre ciertas partes de la ciudad de Amsterdam y estos pequeños pueblos marítimos a muy poca distancia del centro que, por cierto, se han convertido con el paso de los años en un filón para los turistas.

El puerto de Volendam se ve atestado de barcas los domingos, dado que, los pescadores vuelven el sábado para pasar un día con su familia tras una semana casi completa en el mar. Son muy recomendables los restaurantes que se encuentran en esta zona del puerto, con gran diversidad de comidas aunque les instamos a probar los arenques de los que se abastecen la mayor parte de la población de este pueblo.

En definitiva, Amsterdam es una ciudad de contrastes llena de vida y bullicio pero también con un grado de tranquilidad que otras muchas capitales europeas desearían.

Marta Recio