La Costa Brava de Truman Capote y Ava Gardner
La Costa Brava fue el escenario donde Truman Capote escribió parte de «A sangre fría»; el lugar donde Nicolás de Woevodsky, miembro de la guardia personal de Nicolás II, último zar ruso, fijó su residencia; o el sitio en el que Rock Hudson descubrió el particular sabor del alioli.
Estas y otras historias están recogidas en «Glamour, arte y gastronomía en la Costa Brava», una obra de dos volúmenes, que los artistas gerundenses Joan Abras y Tomàs Vilà, en colaboración con Jordi Comas, Pilar Herranz y Lluís Molinas, han escrito en lo que supone un compendio de vivencias y anécdotas de algunos de los personajes internacionales y nacionales más destacados de los años 50 y 60.
Cuenta el periodista gastronómico Jaume Font que la presencia de personajes famosos en la Costa Brava fue fruto «de la casualidad». No existían los «tour-operadores» ni las grandes empresas dedicadas al negocio del turismo, pero las aguas de esta parte del litoral catalán y sus múltiples ofertas gastronómicas propiciaron que, por ejemplo, el escritor norteamericano Truman Capote recalara en la población marinera de Palamós en abril de 1960. Su novela «Desayuno con diamantes» ya se había publicado, pero no
en España, un hecho que provocaba que su presencia en la zona se tomara como la de un turista más.
Capote aprovechó esta circunstancia para desarrollar parte de «A sangre fría» en una casa alquilada en la que convivió junto a su secretario, Jack Dumphy, con quien disfrutó de las sardanas.
Calella de Palafrugell fue el lugar donde decidió fijar su residencia Nicolás de Woevodsky, miembro de la guardia personal del último zar de Rusia, Nicolás II. Se fue allí junto a su esposa, Dorothy Webster, a la que conoció en Londres durante una misión diplomática que, a la postre, le salvó de la revolución bolchevique.
Les gustaban las habas y los guisantes y, en general, todas las verduras que ellos mismos cultivaban, y que hacían servir en todos su platos, ya fueran de carne o de pescado.
Otro personaje importante que se interesó por la Costa Brava fue Rock Hudson, que, de incógnito, visitó Llafranc interesado en conocer al llamado «Gitano de la Costa Brava, de nombre Manolo, que le dio a conocer el allioli con rape y patatas.
Estas son historias de tres personajes que pasaron por la Costa Brava durante los años en los que el turismo comenzaba a emerger en sus municipios, pero no fueron los únicos.
»Glamour, arte y gastronomía en la Costa Brava« también explica cómo a Ava Gardner le encantaba el pan con tomate, a Rocío Jurado la escalivada, a Joan Manuel Serrat los huevos fritos o a Lola Flores la bautizada como »olla gitana« de arroz con bacalao, fideos y judías blancas.
Elisabeth Taylor, Carmen Amaya, Kirk Douglas o Terenci Moix fueron otras de las celebridades que disfrutaron de los placeres de la Costa Brava, y así queda de manifiesto en los dos volúmenes que ahora se pueden ver de cerca en una exposición que lleva el mismo nombre en la sala de exposiciones de les Fontetes de la Massana, en Andorra, donde también se pueden ver cuadros y esculturas de Tomàs
Vilà y Joan Abras